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Duhkha

febrero 2013

Oh bien nacido, escucha atentamente: estás ahora en el teatro mágico de los héroes y los demonios figuras mitológicas y superhumanas demonios, diosas, guerreros celestiales, gigantes. Ángeles, bodisadvas, enanos, cruzados. Duendes, demonios, santos, brujos, extraterrestres. Espíritus infernales, duendecillos, caballeros y emperadores. El Dios Loto de la danza, el gran hombre viejo, la divina criatura, el trampista, el metamorfo, el adiestramonstruos, la madre de las diosas, la bruja. El dios de la luna, el errante. La totalidad del divino teatro de figuras representando el cénit de la sabiduría humana. No tengas miedo de ellos. Están dentro de ti. Tu propia inteligencia creativa es el mago reinante sobre ellos Reconoce las figuras como aspectos de ti mismo Toda la fantástica comedia se halla en ti No te sientas adheridos a las figuras Acuérdate de las enseñanzas Aún puedes conseguir la liberación.

Duhkha es el descontento y el desasosiego, es el nudo en la garganta que no deja hablar, la insustancialidad del "yo" en el mundo de las máquinas y la resistencia sin cuartel al cambio; es el apego a las costumbres sin sentido y a las tradiciones vacías, es el querer y no poder y el dejarte llevar, la desidia.

Duhkha es la incomodidad existencial, la insatisfacción y el descontento, es el malestar, el peor de todos, es el enfermo que no tiene cura y la viuda que no encuentra consuelo; es la angustia del que teniéndolo todo no quiere nada y, a la vez, es la frustración del que sabiendo lo que quiere no puede conseguirlo.

Duhkha es el engaño, la mascarada, la burla, la estafa; es el fraude que no cesa y la farsa; la palabra que flota suave y es apenas un murmullo que envenena los oídos y el trilero que siempre esconde un as en la manga. Es el vodevil de nuestros tiempos, tan viejo como nuevo, la danza de los maletines, el trocar espejitos por oro, la broma eterna.

Duhkha es la imperfección humana, la debilidad y el trastorno, es Ícaro volando hacia el sol con alas de papel; es el orgullo, la soberbia y el todo vale. Es el ignorante de su propio ser y hacer, es la venda del ciego y la zanahoria del burro, es el capitán del barco que te lleva a dónde no quieres ir y es la angustia de querer hacer nada, de conformarte; es saber muy poco y no entender nada.

Duhkha es un árbol con raíces profundas, es una planta milenaria enorme que crece por doquier, en cualquier lugar, y que soporta cualquier clima y apenas necesita agua o sol. Sólo tiene tres ramas, fuertes y poderosas, y cada una de ellas tan grandes como una casa y por ellas se desliza lentamente hasta que cubre al árbol completo, fuego y veneno.

En la primera rama habita el necio, el soberbio enamorado de su propio reflejo, confinado para siempre en un espejo y los perdidos entre cantos de sirenas y el delirium tremens.

En la segunda rama vive el codicioso, el avaro que nunca tenía nada para nadie y los que quieren más y más, insatisfechos crónicos ensimismados con el tintineo de monedas y con cuentas que no cuadran en paraísos muy terrenales.

En la tercera rama cumple condena el asesino, el aniquilador de su propia especie, que nunca ve su pulso temblar. Está ahí el que blande a veces la espada de la justicia, otras la de la libertad, de la legalidad, de la decencia o incluso de Dios, pero esa espada tiene doble filo y el que más corta es siempre el del egoísmo de quién la empuña.

Duhkha ,sin duda, es un magnífico adversario, pero también temible porque Duhkha es tu perdición y tu salvación, es tu naturaleza la que te invita al combate. Porque después de largo tiempo empieza a revelar que la lucha está próxima y quién es el enemigo.

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