Documento sin título Documento sin título Documento sin título

Matar a Sofía

marzo 2014

© Irene Vidal

A los alumnos del I.E.S. Seritium, que con su vídeo en defensa de la Filosofía, inspiraron este relato.

Fue un gobernante cualquiera, en un país cualquiera, el que se dio cuenta, por primera vez, de que la enseñanza de Sofía no era del todo adecuada. Al principio apenas reparó en el hecho, acosado por problemas más acuciantes. No obstante, como un continuo ronroneo, la idea de que Sofía debía dejar de enseñar persistía en su mente, como el murmullo apagado de un agua que no deja de correr.


Sofía, a la sazón, era una profesora joven y bella, dulce y abstracta, que dedicaba sus horas a instruir a un grupo nada desdeñable de jóvenes, adultos y ancianos. Y aunque nadie fuera de este círculo sabía, realmente, en qué consistía esa enseñanza, sí que existían muchos rumores y vagas ideas sobre lo que Sofía decía a sus devotos discípulos.

Estos discípulos, al menos algunos de ellos, habían dedicado gran parte de su vida a escribir libros, abstrusos o divulgativos, en los que expresaban, con mayor o menor acierto, lo que Sofía les había regalado en su enseñanza. Libros que eran, sobre todo, una invitación a pensar por uno mismo, a buscar las propias preguntas y las propias respuestas, a no conformarse en la mediocridad bajo ninguna circunstancia.

Sabía nuestro gobernante, pues era astuto cual víbora, que no podía iniciar un ataque frontal contra la venerada maestra. Ciertamente, entre sus discípulos se encontraban las mentes más brillantes y profundas de la generación, y éstas no dudarían en lanzarse beligerantemente a la defensa de su bella profesora. No. Había que trazar un plan más sutil, algo menos llamativo pero igualmente eficaz.

Siguiendo esta intuición, su primer paso fue promulgar, a diestro y siniestro, por prensa, televisión y radio, que la enseñanza de Sofía era totalmente absurda, algo curioso tal vez, pero terriblemente inútil a la hora de ganarse la vida. En efecto, el que seguía la enseñanza de Sofía estaba destinado a una vida de pobreza y frustración absoluta. Por tanto, nuestro caritativo gobernante aconsejaba a los jóvenes buscar otras carreras, otros maestros, otros libros, con los que poder llevar una vida digna, basada en la muy extendida costumbre de consumir y consumir.

Automáticamente, ante este ataque deliberado, los discípulos de Sofía editaron libros, artículos, revistas, notas de prensa… en los que alababan la inutilidad de la que hacía gala la enseñanza de Sofía, defendían el inmenso don de la libertad absoluta de no servir para nada y, por tanto, de no servir a nadie. La enseñanza de Sofía, sostenían, es el único saber buscado por sí mismo y, en la medida en que no sirve para nada, no sirve tampoco a nadie, concediendo a su portador una enorme e inmensa libertad. La enseñanza de Sofía, escribían otros, es lo único que saca al hombre de su estado de homo habilis superdotado para convertirlo en una persona plena.

Nuestro gobernante, ante aquellos escritos, no cabía en sí de la furia. Sin embargo, no abandonó la astucia, se percató de que los discípulos de Sofía, aquellos que escribían para defenderla, pertenecían, en su gran mayoría, al ámbito académico. Ciertamente, se habían hecho fuertes propagando la enseñanza de aquella ramera en Universidades e Institutos. Y en vista de este último dato, nuestro gran gobernante planeó su siguiente golpe.

Nadie se lo esperó. Fue una sorpresa tremenda. De un día para otro, por ley solemne e irrevocable, la enseñanza de Sofía (y sus discípulos) fue desterrada de todos los centros educativos y académicos. Bajo el pretexto de salvar la economía, se redujo la plantilla de profesores y de horas lectivas y, así, los discípulos que habían defendido a Sofía se vieron, de un día para otro, sin trabajo y sin dinero.

No obstante, ni aun así consiguieron doblegarlos: buscaron otras vías, otros medios, otros modos. Y Sofía y su enseñanza resistieron… hasta que el gobernante cualquiera, harto ya de toda esta historia, decidió, también por ley solemne e irrevocable, que Sofía corrompía a la juventud, a la sociedad entera, implantando un pensamiento crítico e individual donde debía prevalecer la mentalidad grupal del rebaño. Y así, decretó una orden de arresto contra ella y su inmediato traslado a prisión.

En un juicio que fue retransmitido por todas las cadenas, en el que se aseguró que se seguían todos los mecanismos impuestos por el Derecho, Sofía fue hallada culpable de corrupción masiva de jóvenes, de alta traición a las Instituciones del Estado y de conspiración para subvertir el orden establecido. En pena de estos delitos, Sofía fue condenada a muerte y, como uno de sus primeros discípulos, obligada a beber veneno para abandonar este mundo.

Aun así, y siguiendo la extraña manía que tiene la Historia de repetir todos sus actos, sus discípulos, lejos de amilanarse, continuaron en la brecha, más escondidos, pero no menos dedicados, promulgando la enseñanza de la bella profesora. Como había hecho ella, dedicaron sus esfuerzos a romper grilletes, denunciar a las sombras como sombras, y a poner a los hombres en dirección hacia una luz maravillosa.

COMPARTE
Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en GooglePlus Compartir en Meneame Compartir en Gmail
Documento sin título 1 COMENTARIOS
Documento sin título Documento sin título Verónica 17/03/2014 18:19
Increíble artículo. Es magnífico tu estilo de narración pues engancha a la lectura. Ojalá este artículo pudiera llegar a todo el mundo para que se reflexionara sobre la importancia de la enseñanza de Sofía.
COMENTA













Documento sin título Documento sin título
MÁS DE ESTE AUTOR
Documento sin título Documento sin título
MÁS DE ESTE ILUSTRADOR
Documento sin título