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Mejor morir

mayo 2013

© María Gómez Tirado

Ignoro si piensan mucho en ello o si directamente les da igual, pero la verdad es que somos mucho más idiotas de lo que pudiera parecer. Un ejemplo. No sé si lo sabrán, pero según el espíritu de nuestro código penal, si alguien alguna vez lograse el imposible de sobrevivir a su propio suicidio, debería ser condenado por homicidio. Con cárcel y todo. Y si se ensañó consigo mismo: asesinato.

Hay millones de normas que son directamente estúpidas, pero que habitualmente encuentran su origen en tradiciones tan anacrónicas que envenenan el por qué de la misma hasta hacerla parecer realmente ridícula. El caso del suicidio no es una norma en sí sino, más bien, cuál es el ánimo, el cariz y pretensión que adoptarían aquellos que determinaron qué debía castigarse y cómo. La muerte nos angustia tanto que ponemos constantemente límites entre lo-que-quiera-que-sea la muerte y nosotros. Que estén a las afueras de los municipios los cementerios, ornamentar toda la ceremonia con simbolismo y ritualismos, que acuda gente que apenas sabe cómo viviste pero que de primera mano observará cómo se te deja en una tumba. Supongo que es porque sentimos curiosidad por lo que no conocemos y hacemos nuestros los prejuicios más atávicos del Hombre como escudo contra quién-tú-ya-sabes. Y morbosos, claro.

Si tuviésemos una segunda oportunidad de volver, de vivir, lo cambiaríamos todo. O eso pensamos. No haría esto, aprovecharía más aquello, ésta sería una buena decisión, amaría mucho más …

En buena lid y siendo honesto con uno mismo, sabemos que apenas cambiaríamos nada. No sé que hay más allá, pero seguro que si los muertos hablasen serían igual que cuando vivían: "Fíjate – le dirá el del nicho A al del B- a ese del nicho C le dejan unas flores horribles cuando le visitan" Simultáneamente, habría de pensar el del nicho B "que sí, que sí, pero al menos a él le traen flores. En cambio a ti ni te visitan, carcamal". Sí, allí también insultarían. Que si dónde te dejaste las piernas, que qué le sucedió a tu brazo, que si esa calavera ya no se lleva…

Más que probablemente discutan sobre qué es mejor, si la solitaria pero cómoda tumba o la compañía perpetua de las hileras de nichos, siendo mejor opción la que hubo de tocarle en suerte a cada uno. "El confort de la hilera cuatro nada tiene que envidiar al de la cinco" afirma rotundo uno de ellos ante la convencida aprobación de sus convecinos.

Y por supuesto habría guerras, pues bien saben los muertos que uno demuestra superior jerarquía con arreglo al número de gusanos que atesora. "Ya, ya, tú tendrás más gusanos pero yo tengo de más tipos." Se ordenarían y castigarían los unos a los otros, sin saber bien por qué, y engañarían al débil convenciéndole de que su posición inferior es en realidad justa a la vez que ventajosa. "Espero que eso de estar muerto no te impida reconocer quien manda aquí" le recordarán.

En fin, que seríamos exactamente igual de cretinos pero, además, muertos.

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