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Por favor, mentid como bellacos

enero 2014

© Irene Vidal

Llamamos “urbanidad” a hacer cosas que no quieres hacer fingiendo que las haces con gusto. Ceder el sitio en el autobús aunque se te estén desmoronando las rodillas; escuchar pacientemente el último rollo del último cretino al que te encuentras mientras tomas café en el bar de la facultad. Esas pequeñas cosas que sostienen la paz social –me encantan estos términos del neolenguaje-.

Estas cosas se hacen porque nos han enseñado a hacerlas, por supuesto. Pero no nos precipitemos y empecemos a maldecir la educación heteropatriarcal normativizante –neolenguaje a gogó, que me gusta a mi-. Que las cosas ocurran por consenso es algo muy moderno: toda la vida las cosas se han hecho por algo. Principalmente porque el consenso requiere que haya iguales, y la igualdad es un pérfido invento de las democracias. Otro día os cuento esto, no nos desviemos.

La cortesía establece un orden de prioridades ideales –por tanto, falsas- que llevar a cabo por deferencia hacia el otro. Porque es evidente que uno tiene que ser gentil con el otro, porque eso no sólo muestra la bondad de tu corazón sino la salud de la sociedad. Es más, está tan imbricado esto en nuestro comportamiento que este deber ser te reporta pequeños placeres morales: si despides al tipo que te está intentando vender salvación en forma de suscripción con una ONG cualquiera con educación te sientes mejor que si lo despachas con un déjeme en paz. ¿Quién juzga esto? La sociedad, claro.

El Reino de los Cielos vendrá cuando todos seamos agradables los unos con los otros porque sí. Las formas de la felicidad son muy variadas, comenzaba aquel cuento de Cortázar. Y no es el momento para que alguien piense que yo estoy proponiendo volver al estado de naturaleza, o una sinceridad radical –tipo Belén Esteban “yo digo lo que pienso, ¿me entiendes?”-; no, qué va. Sólo analizo la situación.

Mentimos para que la cosa funcione, como la chica del McDonald's te da las gracias y te desea buen provecho cuando pagas tu hamburguesa. No hay hombre que el cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces –esto es de Borges-. Me alegro de verte y otras cosas necesarias.

No vamos a decir que es que la sociedad es hipócrita, porque eso es facilón y falso. No creo que esto se haga por aparentar, sino por una necesidad mucho más profunda: porque nosotros también queremos que nos traten así. No queremos que cuando estemos contando algo nos interrumpan y nos digan esto no me interesa nada, la verdad.Nos gusta el calorcito fingido de la sociedad, reconozcámoslo.

No es por consenso, es por gusto. Nos encanta que nos traten bien, por eso los cínicos o los ariscos tienen tan mala prensa. También hay un punto de asocialidad en esto; Aristóteles sentenció en la Política que el asocial o es un dios o es un animal. Si bien esto a lo que llamamos sociedad es un constructo, no se ha originado porque sí. Lo he repetido varias veces, el consenso es una cosa moderna. Sé que ahora toca ser partidario de los constructos: las formas sociales son construcciones, el género es construcción, los roles son construcciones. No las tengo todas conmigo, pero en lo que conozco a los hombres, me inclino más a pensar que no es todo tan azaroso y contingente como se nos quiere vender. Por eso, si somos deferentes los unos con los otros desde hace tanto, se me ocurre que es porque hay algo en nosotros que quiere serlo. Quizás aún estoy en el sueño dogmático, pero no nos crearon esos superingenieros que se han autodeterminado a sí mismos.

Mentimos porque preferimos el agravio liviano a la violencia de la confrontación. Detestamos sentirnos violentados, o tener que atacar; preferimos el soporcillo confortable del por favor y gracias. Vivimos en sociedad para poder practicar la mansedumbre.

Así que recuerde esto cada vez que alguien le dé un pisotón en el metro y usted diga que no importa: su pasividad es la que mantiene a su país en paz. Y cada vez que alguien le esté contando un rollo insoportable, recuerde: hoy por ti, mañana por mí.

Por eso, por favor, mentid como bellacos, o tendremos que volver a los duelos.

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Documento sin título 4 COMENTARIOS
Documento sin título Documento sin título CortazarBorges 15/01/2014 13:22
Y, puesto que, Cortazar Borges, Borges Cortazar, Cortazar Cortazar, Cortazar Borges. Fin
Documento sin título Miss Apuntadora 18/01/2014 17:37
¿Qué clase de inseguridad almacena un personaje como usted, que necesita entronizar el yo que llora por los pisotones y por las molestias? ¿Le hace sentirse más cercano de la plebe individualista el hecho de escribir esta apología del hermetismo egocéntrico? Habla usted de la educación como convención para asegurarse el trato favorable en un mañana. Le recomendaría repensar el "gracias" y el "no se preocupe" como la decantación de la experiencia de quien mantiene en el presente sus errores, sus miedos, sus delicadezas... y es capaz de proyectarlas en el presente del otro. Ver la dignidad del que no es yo y saber protegerla, mimarla con una palabra de reconocimiento. Lo revolucionario, amigo, es el pensar en los otros como los diferentes caminos de uno mismo. Su artículo es un grito desesperado por la aceptación de los negadores del otro, de los "modernos". Si cree usted que con su vaga superficialidad se dignifica como ser humano, la lleva usted muy clara.
Documento sin título Alguien que anda por ahí 18/01/2014 17:43
"Hay algo terrible, sin duda, en que la única libertad inalienable, radicada realmente en la universalidad del lenguaje, constituya al mismo tiempo un atentado contra el lenguaje. No una revolución, como la poesía, sino una amenaza de disolución. Una mentirijilla nos permite a veces escapar de la fuerza o defender nuestro amor; y con medias verdades construimos en ocasiones los andamios de una gran verdad colectiva. En un mundo con dinero y poco amor, la libertad adopta a menudo las formas menos hermosas. Pero un ejercicio público, desbocado, premeditado y sistemático de libertad antilingüística acaba por arruinar la posibilidad de comunicar y la credibilidad de todos los hablantes. En un mundo con mucho dinero, publicidad, grandes medios de comunicación y poderes políticos tentaculares y parlanchines, el riesgo es que el “te quiero” susurrado por nuestro amado o nuestra amada en la trenza nocturna del abrazo estremecido, en la intimidad de nuestro pajar, nos suene tan hueco y tan sospechoso como una promesa electoral o el anuncio de un liberador “bombardeo humanitario”." Mentir pudre el único rincón donde la magia es aún posible: el rincón del lenguaje.
Documento sin título Neorromántica 20/01/2014 19:04
Me gusta el texto. Así, para comenzar. Tuve que leerlo despacio porque a veces me pierdo en las palabras. Pero eso me agrada. Respecto a lo que tratas, estoy de acuerdo. Desgraciadamente. Y quien diga lo contrario, para mi, miente. Pero sí hay personas que se salen de ese esquema. Porque pueden, quieren… Alguna mala contestación porque realmente esa persona se la merecía hemos dado alguna vez. Pero estuve pensando en casos de mi vida cotidiana y ciertamente tienes razón. Un saludo.
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