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Proyecto para la reintegración propia en y de la cotidianidad

septiembre 2013

© María Gómez Tirado

Al hilo de los dos últimos textos publicados en Pictograma, «La marca de lo impersonal» y «El trauma del cordón umbilical», nace este artículo que pretende ser el primero de una serie; pues el tema exige, a mi modo de ver, un espacio más amplio que el de una sola publicación. Tómense estas líneas a modo de breve introducción y planteamiento del proyecto que intentaré llevar a término durante los próximos meses.

El proyecto parte de una inquietud que ya se ve despertada en los dos textos antes citados y se centra en el modo de ser de la cotidianidad, tal como Heidegger lo desarrolla en Sein und Zeit. Según la tesis, brevemente planteada en esos textos, al mismo tiempo pertenecemos a la cotidianidad y ella nos pertenece; por consiguiente, afirmamos que “ante la cotidianidad nos encontramos en co-pertenencia”. Sin embargo, el modus operandi que adoptamos en la cotidianidad es liberarnos de ella para no quedar alienados. Para llevar a cabo la liberación se “intenta” una separación mediante la potenciación del ego, de modo que el existente se aleja de los Otros, que conforman la cotidianidad, y del modo de ser en la medianía. Podemos decir que el individualismo se adueña del modo de existencia al que nos aferramos cuando decidimos alejarnos del Uno (das Man, en el alemán Heidegger), un individualismo que tiende al aislamiento. Pero, aunque se considere ese aislamiento como un rendimiento existencial del ejercicio de dicha separación, sensu stricto, no podemos separarnos completamente de la cotidianidad, pues pertenecemos a ella.

Ahora bien, las personas existen en medio de una división y contradicción consigo mismas. Al tiempo que la exigencia de autenticidad las motiva al alejamiento de lo cotidiano en pro de dicha autenticidad y propiedad en el existir, la irrevocable pertenencia a la cotidianidad hace que lo auténtico se vea cuestionado por la cotidianidad misma. Es “auténtico” ser cotidiano, pues nos encontramos en copertenencia con ello. Pero el ideario existencial tiene el monopolio de la llegada propia a la autenticidad del existente, que consiste en la separación de la medianía y del Uno. Y este “monopolio” tiene su raíz en el análisis (heideggeriano) que comprende la ontología del Dasein (ser o estar-ahí), es decir, de la realidad humana.

Esta contradicción se traduce en un malestar manifiesto del existente, que si bien desea esa singularidad auténtica, no puede menos que sentirse incompleto si no se encuentra envuelto y aceptado en medio de lo cotidiano. La insistencia en esa pretensión de autenticidad (que viene acompañada de una insistencia por el aislamiento) lleva al existente a una incapacidad para poder reintegrar la cotidianidad en el modo de ser propio y auténtico, potenciando la intranquilidad y la imposibilidad de serenidad. Pero la integración no es solo de la cotidianidad en el propio ser, sino también del existente en la cotidianidad. Así, el reintegrarse-en y de la cotidianidad, está bloqueado por la creencia de que la autenticidad solo se alcanza mediante la separación.

La consecuencia es la tendencia al aislamiento como estado preeminente de los individuos en la sociedad, un modo de existencia que difícilmente puede alcanzar un estado de cooperación y socialidad que potenciasen una evolución en el modo de existencia humano. La forma de vida a la que nos entregamos queda lejos de encajar en las utopías ecologistas tan en boga. Un intento por considerar seriamente el problema del ecologismo, más allá de las pesquisas políticas, es entenderlo vinculado a la problemática de la cotidianidad y la autenticidad propia del existente. Así, por ejemplo, desde la perspectiva que se pretende aquí, se aspira a dejar de comprender el ecologismo como una utopía o una ideología, esto es, como “pensamiento político-ético”. Nuestro entendimiento debe dar un paso más, y “ver” (comprender) que ser Ecológicos es ser, existir; y tomar conciencia de ello implica comprender una existencia en la que no se pretenda aislar al existente para que llegue a su autenticidad, sino que se le invite a re-integrar-se en la cotidianidad. 1

El pensar exige tempos y pasos. Nuestro paso primordial es otra forma de entender el ser-en y el ser-de la cotidianidad. Por tanto, se propone una alternativa a la “impropiedad con la cual caracterizó a este modo Heidegger. Así, nuestro título reza: la re-integración propia. Con ello se direcciona el estudio, nuestra meta es una re-integración.

La reintegración implica desde sí un “no-estar-ya” en algo, esto es, no pertenecer ahora, pero quizá sí antes, y de ahí la necesidad de volver a ello. Por consiguiente, consiste en una vuelta, en un retornar del extravío de quien, perteneciendo a algo, quiere integrase de nuevo en ello, después de un “errar por su afuera”. Ese “algo” es aquí la cotidianidad. Que la re-integración acontezca como necesidad responde al fenómeno de alienación 2. Según la comprensión que entiende la cotidianidad como un modo de existencia impropio, el existente se encuentra alienado en ella.

Así, el postulado que se quiere modificar es el siguiente: en la medida en que estamos en el modo de ser de la cotidianidad, somos en-Otro, pues la cotidianidad es un modo impropio de estar en el mundo. La tarea es, entonces, re-integrarse en la cotidianidad, ya que no existimos extrínsecos a ella, sino que pertenecemos originariamente a dicho modo de ser. Pretendemos que el modo impropio difiera hacia un modo propio de existencia. ¿Cómo integrarnos propiamente en lo cotidiano? ¿Podemos ser propios en aquello que, cuanto menos, parece impropio –esto es, no-propio, no-poseído?

El título utiliza el genitivo desde el lado del objeto. Es la cotidianidad la que se debe re-integrar en nosotros. Es decir, practicamos un movimiento de inclusión de la cotidianidad en lo que en nosotros es ya propio. Pero el título es, en este sentido, incompleto –a no ser que se considerase forzadamente el lado subjetivo del genitivo. Para que esté completo, debemos considerar, además, que la re-integración es de nosotros en la cotidianidad, pues entre la cotidianidad y nosotros existe una “relación” de co-pertenencia. De ahí que la reintegración deba ser propia hacia la cotidianidad y de la cotidianidad.

Pero, ¿qué quiere decir reintegrarnos en la cotidianidad? Si en ella era el modo de ser de la impropiedad, ¿cómo vamos a ser propios en ella? Llegar a dicho modo de ser es la tarea práctica de cada uno de nosotros. Aquí se intentará la tarea ontológica de entender dicha posibilidad, cuya comprensión permitirá hacer posible la realización, esto es, que finalmente nos integremos y la integremos. El acto de integración debe verse como un acto mismo: es un fenómeno que ocurre a partir de la acción de incluirnos e incluir propiamente a la cotidianidad en nuestras estructuras existenciales, por lo tanto, tiene su correlato empírico en el hecho de sentirnos propiamente-en la cotidianidad –donde “en” refiere a “ser-en”–, y en que comprendamos finalmente que la cotidianidad es un modo de la propiedad. Y debe ser un acto, ya que la tarea ontológica de la comprensión tiene como meta posibilitar la acción de las personas en sus vidas.

Lo cotidiano está ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Es el mundo ante nosotros, el factum cercano de nuestra vida. Sin embargo, todavía nos aliena, no nos sentimos propiamente en lo que nos rodea, y ello nos consume. Una existencia plena no puede entenderse sin el mundo (lo Otro) y los Otros, sin las costumbres y las “normas”, sin las gentes –tan impersonales solo hasta que llegamos a conocerlas. Así, la intención de los artículos que seguirán es procurar que no resolvamos el problema con la separación permanente de la cotidianidad, como propusiera Heidegger, sino con una “acogida” que quiere dar esperanzas y contribuir a la apertura de conciencia, evitando, así, estancamiento del humano en esta existencia parasitaria de la Tierra y de sí mismo, en la que el amor se nos escapa de entre los dedos y la serenidad es un estado solo alcanzable para los iluminados.

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1 La ecología está en el modo de existencia que todo ser lleva consigo, sin que con ello se pretenda aquí defender una suerte de fundamentalismo. Para hacer justicia a estas afirmaciones pediré paciencia al lector interesado. Habrá que explicar por qué el ecologismo es parte de la ontología, por qué no es al modo de los viejos fundamentos, y qué cambios, o mejor dicho, qué apertura de conciencia se necesita para llegar a comprenderlo y practicarlo, es decir, para ser-lo propia y auténticamente.

2 “Alienación” no se refiere aquí a un término estrictamente político, aunque también lo abarque. Consiste en el estado de existencia en el que nos encontramos cuando “no” somos nosotros mismos, sino que somos-en-Otros.

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Documento sin título 1 COMENTARIOS
Documento sin título Documento sin título María 30/09/2013 22:15
Qué orgullo me da vernos juntos!
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