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Un buey y doce cerdos vs Venecia

marzo 2014

© Manuel Prendes

Statum est inter nos, & á nobis confirmatum, quód praedictum Castellem (quod vocatur Lauretum) ab hodie in antea cum vestris successoribus, & heredibus in die, & in nocte prvide custodire firmiter ad nostram, nostrorumque successorum fidelititam retinere vos debeatis; & perpetuis temporibus cum successoribus, & heredibus vestris habitare in eo, & usque ad médium gravium viam a latronibus defenderé, & securam illam Semper reddere debeatis, & per unumquemque Mansionarium ex vobis dare nobis, nostrisque successoribus pullos tres, & denarios tres per annum, unum, scilicet ad Nativitatem Dominicam denario suo, alterum ad carnis laxationem cum denario suo, tertium verò in Pascha cum denario suo. 1

La Serenissima Republica di Venezia, por napoleónica causa reducida a simple ciudad italiana, era en su origen (en lenguaje actual) un “campo de refugiados”; sí, como se lee, un campo de refugiados los cuales ocuparon un terreno que hasta entonces a nadie había interesado, esto es, unas pocas islas en un laguna con partes medio pantanosas (en un principio poco apetecible para vivir) que por tal, evidencia alguna ventaja tanto ofensiva como defensiva, es decir, que resulta bastante complicado el ataque y por ende facilita la defensa y la supervivencia. Y como en aquella época no existían las maravillosas instituciones humanitarias e internacionales pues las naciones no deseaban unirse sino más bien conquistarse, a los refugiados no les quedó más remedio que ingeniárselas para sobrevivir.

No tenían mucha tierra pero si mucho arrojo y visión comercial, por lo que lanzáronse a vivir de cara al mar, dando la espalda a lo que ellos conocían como Terraferma, y poco a poco fueron construyendo casas, palacios, puentes..., de forma que lo que en principio fueron islas más o menos cercanas, convirtióse gracias al ingenio de los refugiados en un hermosa y famosa ciudad mercantil. Pero no sólo por su comercio adquirió renombre, sino más bien a las riquezas que este generaba las cuales dieron lugar a una ciudad lujosa y totalmente independiente de otros grandes “estados” dado que podían permitírselo. Mas todo asentamiento humano requiere cierta organización y Venezia, por muy particular que fuera, no iba a ser distinta. Así de unos orígenes más o menos democráticos llegó a una verdadera tiranía aristocrática con un intrincadísimo sistema gubernamental (establecido para que ninguna familia pudiera hacer de la misma Venezia su feudo) y con un soberano, llamado dux/dogo (nunca quisieron un rey) al cual le fueron quitando facultades y repartiéndolas entre distintos órganos gubernativos.

He aquí pues un principado que se relacionó con el resto de estados como uno más, de igual a igual. Tanto como para ser arbitro en no pocas guerras y más aún decisivo su apoyo en no pocas empresas como, por ejemplo, las Cruzadas. Sólo hacía falta un pequeño argumento para mover a la Serenissima: oro o puertos. Así consiguió extender su dominio por la costa oriental del Adriático, Chipre, e incluso de más de la tercera parte de Constantinopla y de su imperio.

Como es fácilmente adivinable esto no le granjeo muchos amigos sino más bien todo lo contrario, y más en un territorio como la península apenina amante de intrigas, asesinatos y guerras; un claro ejemplo es la sempiterna guerra con la Republica de Zena (Génova para los amigos). Y creo que se hace innecesario seguir cantando las glorias de la magnífica e ilustre Serenissima, que murió después de más de mil años de vida, pues la ciudad de Venecia no es más que un cadáver maloliente.

Pero todavía hemos de decir una palabra sobre una de sus tradiciones, el Carnovale, (para catetos postmodernos léase Carnevale, en italiano, y en español ya es más fácil, Carnaval), lo que algunos versados en letras castellanas reconocerán como Carnes tollendas, es decir los días previos a la Quaresma (permítanme el uso de la “q” , en lugar de la “c” , es una mera cuestión de estética) en los que se iba dejando de comer carne, pues dentro de la Quaresma estaba prohibido eclesiásticamente. Como esta no era la única prohibición esos días previos fueron transformándose en días de desquite para la larga abstinencia posterior, (quarenta días completos). Pues el desquite veneciano es bien afamado en el mundo y de todos conocido, y su tradición dicen que se remonta al siglo XI, dado que aparece en un documento del Dogo Vitalis Faledro del año 1094, el cual preside nuestro escrito, bueno un extracto del mismo, y sería el término carnis laxationem, que nosotros hemos traducido por Carnes tollendas.

Han sido muchos los siglos celebrando dicha fiesta, ha sufrido variaciones y diversas prohibiciones, pero desde casi los orígenes conserva un ritual patrocinado por el Patriarca de Aquilea (una de las enemistades más antiguas de la Serenissima), en el día llamado de giovedi grasso (jueves grasiento). En los tiempos en que los obispos poseían feudos y tenían ejércitos, en una de las disputas entre el emperador, papa y antipapa, la Serenísima apoyó al papa, y el Patriarca al antipapa del emperador y guerreó con la primera, y tal fue la respuesta de esta que consiguieron capturar vivos al Patriarca y a los canónigos, en apostólico número, que lo acompañaban.

Los venecianos que poco interés tenían en granjearse las iras del Cielo, dando muerte a trece representantes suyos (cosas de la época), les propusieron un trato, los dejarían marchar, siempre y cuando todos los años el jueves de Carnaval enviaran a la ciudad trece dignos sustitutos de tan egregias dignidades. Y así todos los giovedi grasso, el Dux, con los embajadores y el pueblo de Venecia recibían con la solemnidad y respeto debidos a tan altas señorías, en lugar del Patriarca y de los doce canónigos: un buey y doce cerdos, vivos y bien cebados.

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1 Ha sido establecido entre nosotros y por nosotros confirmado, que el mencionado Castello (llamado Loredo), desde hoy en adelante con vuestros sucesores y herederos , de día y de noche debéis custodiar firmemente, y que debéis mantener nuestra fidelidad y la de nuestros sucesores; y por tiempos indefinidos, con vuestros sucesores y herederos, habitar en el, y debéis defender el camino de ladrones, usando incluso de medidas duras y hacerlo siempre seguro; y por cada uno de vuestras posadas nos daréis a nos y a nuestros sucesores, tres pollos y tres denarios por año, a saber: uno en la Natividad del Señor son su denario, otro en la Carnes tollendas con su denario, y el tercero en la Pascua con su denario.

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