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Un crepúsculo cualquiera

mayo 2014

© José Ángel Sánchez Díaz

Es una tarde florida de Abril y la canícula se expande por los rincones de este pueblecillo en alto, de un pueblo habitado por gentes de piel áspera y mirar sereno, por gentes que caminan mirando el cielo como se mira a la esperanza venidera. Estos hombres esperan la llegada del Dios, del Dios bueno, de ese Dios que reparte la lluvia para la temporada de siembra, pero que también con el fuego de su aliento devasta los campos crecidos donde los jornaleros dejaron sus fiestas. De ese Dios que no tiene miramientos y reparte sus dones –buenos y malos- a mansalva, como se desmiembra una granada abierta con su jugo rojo en una boca ávida. Los caminos, todos los caminos de tierra de este pueblo polvoriento conducen al cenit del cielo, donde una cigüeña, recién salida del campanario, da vueltas como un garabato blanco.

Aquí el horizonte está bañado de luz por el ojo áureo del sol y el aire cargado de fragancias de flores, jazmín, azafrán, y de alguna que otra abeja que revolotea escondiendo, como un tesoro, el polen del erotismo vegetal. Yo estoy sentado en un sofá clásico, de cuero bruñido y suave como el cuerpo húmedo de una salamandra negra. La tarde está en su esplendor dorado y yo -ya de pie- contemplo un paisaje: la espuma verde de los campos rebosa de su vaso para rozar, suavemente, el tronco maduro de un árbol. El campo todo es una cruz, con una pequeña casa en el centro y un camino, todo atravesado por los árboles que levantan sus frondosas ramas como lanzas semejando a soldados orgullosos de dar su vida por defender una ciudadela inhóspita. La casa está en el centro y a los cuatro lados, cuatro caminos. Parece como si la inseguridad vital hubiera venido a alojarse en este pedazo de tierra, parece como si éste se encontrará preñado de ideas: los cuatro caminos no son más que una imagen irónica de la encrucijada que es la vida humana. Cada uno de ellos con su vegetación propia, con sus surcos de tierra particulares, con sus oquedades y sus cimas, y con las huellas de los que ya los han transitado. Los rayos de sol, saliendo a borbotones como del corazón de una flor, se posan suavemente sobre las hojas, ribeteando con reflejos su piel adusta y verde, se mezclan colores y olores, se aúnan lo más tosco de la tierra con lo más etéreo de los cielos.

Al poco va muriendo la tarde, dejando ese color rojizo y púrpura sobre las casas encaladas y vistiendo con un fanal una torre desnuda. El crepúsculo se marcha poco a poco -como una mujer- enseñando la feminidad de su ademán patético en su despedida vespertina, cerrando sus labios de luz y dejando escapar al cierzo sibilante que lame los árboles y hace temblar sus ramas. El crepúsculo es una mujer que nunca llega a su cita con la noche, y acaba, con un cuchillo, rajando al cielo para que éste nos muestre sus entrañas. El crepúsculo es el cirujano que abre el vientre de la bóveda celeste para que se nos desvelen los arcanos que son las estrellas, esos organillos y vísceras celestiales; y a la mañana el alba va, poco a poco, suturando con un hilo la incisión crepuscular. Las hojas se mueven por el viento y recuerdan a un hombre que llora a la intemperie, tiritando de frío. En el cielo raso una luna de plata charla con su imagen en el agua. No muy lejos, en las casas, las antenas esqueléticas parecen raquíticas atalayas de hierro, famélicas torres sedientas de piedra, que quisieran llegar al cielo y tocar la luna, pero que por mucho que ascienden siempre se encuentra a la misma distancia, a medio camino, como el crepúsculo de la noche.

Yo recojo mi sombra y, doblada en mi espalda, cargo con ella camino arriba por una callejuela empedrada. Paro en el mirador del camino y, con la misma media sonrisa de antes, la luna -ese disco morado- me guiña el ojo. El silencio de la calle es total y su luz de cristal se derrama en mil pedazos por el suelo, rompiéndose en chiribitas brillantes, en los lugares de sombra sólo suena el tañido convulso de un corazón. Yo –ya mi sombra recogida como una sombrilla de playa- camino pensando quedamente en la magia de un crepúsculo cualquiera.

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Documento sin título 5 COMENTARIOS
Documento sin título Documento sin título KelMALPSOLD 07/07/2017 21:53
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