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Zapatillas de marca o las renovaciones de éxito

febrero 2014

© Alba González Cantalapiedra

Vans.

La marca de moda. Ahora mismo, mientras leen esto, miles de personas sin gusto ni puñetera idea de mercantilización llevan en sus pies unas zapatillas de esta marca registrada de su modelo más básico en negro, azul, rojo o de colorines festivos para el niño epiléptico de turno. ¿Qué coño ha pasado? ¿Por qué todos los borregos de este país han decidido balar al mismo tiempo provocando la sordera entre los lobos hambrientos que han adoptado otra estrategia para esquilarlos –y esquilmarlos-?

Pero no crean que hablo por la novedad o porque toquen un registro que ya existía mucho antes de que lo explotara el común vulgo mayoritario: el año pasado sucedió tres cuartos de lo mismo con las sudaderas con capucha de Adidas. Una puñetera prenda básica que lleva existiendo décadas y que de repente, como el que no quiere la cosa, se pone de moda, y todo el mundo a comprarse una aunque el año que viene ni se acuerden de que crían mierda en el fondo del armario. No digo que ya nadie las use pero, ¿dónde está la masificación de las aceras con esa prenda de ropa encima? Estén donde estén, miren en derredor y comprueben, en número real, cuántas personas llevan las zapatillas descritas y cuántas las sudaderas mencionadas.

Hasta aquí nada especialmente desquiciante salvo el clásico borreguismo, fenómeno que por mucho que critiquemos no va a desaparecer porque “yo visto como quiero y ningún gilipollas pretencioso que escriba en una revista de mierda me va a decir qué tengo que hacer con mi vida” . Muy bien, haga usted lo que quiera, lúcido emblema de la sociedad líquida en que nadamos. Pero luego no se queje de que es usted pobre o no tiene dinero para estudiar en una universidad que, supuestamente, es una institución de élite en la que deben estar los mejores porque se ha gastado el dinerito en unas zapatillas de entre treinta y ochenta euros por ir a la moda.

(Y ahora, si le parece, critíqueme que la universidad es más cara que eso y que por unos cochinos euros no va a suponer una gran diferencia de acceso a un sistema que, de base, se está jodiendo desde arriba, que verá cómo le encañono con todos los problemas de base de estudiantes que pasean libros sin leerlos o viven una perfecta fiesta universitaria –no se me quejen los que trabajan, no es una generalización-. Pero ese es otro tema.)

El problema real y que se encuentra en el fondo de la moda es la mercantilización del producto. Algo que dirán ustedes, “pero si es completamente normal que haya modas y cada año se imponga un tipo de producto” , ¿no? Claro, pero lo que no es normal es que sean siempre y por así decirlo, productos viejos. ¿Saben cuántos años hace que existen esas zapatillas? ¿Y la sudadera? ¿Y los leggings? ¿Y las gafas de cristal ancho? ¿Y la estulticia humana?

No se equivoquen, los productos hechos para el vulgo, por caros que sean, no son disfraces de la alta costura ni variaciones derivadas de la misma. De hecho, ni siquiera estaremos a la última moda. A juzgar por lo que impera últimamente, estamos a la última moda de hace entre cincuenta y diez años.

Dejen que me ponga un poco más estupendo y algo técnico.

Un producto exclusivo es aquel que está al alcance de muy pocos, o bien, que muy pocos solicitan en la amplia red mercantil. Estos mismos productos, al tener tan poca demanda, se convierten en sello de calidad y distinción para quienes los utilizan En el mismo momento en que uno de esos exclusivos productos se pone de moda, aparte de ser un filón para la empresa que lo fabrica, se ve la necesidad de agilizar su producción. Es decir, que al haber más demanda, se produce más y, como inevitable consecuencia, se termina por convertir un maravilloso producto indestructible en uno poco mejor que si fuera de fabricación casera por un chimpancé cojo.

No les voy a engañar. Yo mismo poseo una sudadera de las mencionadas y un par de pares de zapatillas de la marca de arriba; soy consumista como todos. Sin embargo, la diferencia es que yo adquirí estos productos hace más de cinco años, cuando la fabricación era lenta y de escasa demanda –y, sin embargo, de coste muy similar-. Mi sudadera se ha enfrentado a múltiples olivogatos ya, rentabilizando así su inversión. Y el calzado me ha durado (y dura aunque esté fuera de la moda) mil sambas. Mientras tanto, miro a la chica de mi lado y le veo la suela agrietada y el logo de la marca despegado.

No se trata de creerse más especialista que nadie ni de parece resabidillo, sino de mirar lo que uno compra. El impulso inicial por adquirir algo bonito o de moda puede llevarnos a gastar un dineral en un producto de ínfima calidad. Se trata, simplemente, de adquirir las capacidades de los abuelos y abuelas que miran, estudian y analizan con lupa todo lo que compran, exigiendo que unos zapatos les sirvan para todo y por muchos años. Pero nosotros, como estamos en la cultura de la renovación periódica y del consumo gratuito, caemos en las garras de la degradación.

Todo se nos estropea entre las manos: lo que vestimos, lo que comemos, lo que somos… De momento, sólo escapan algunos grupos urbanos bien definidos como los góticos. Pero eso sólo será hasta que sus ropajes se pongan de moda y entonces, las irrompibles varillas de sus corsés se doblarán en dos y el alma se les caerá a los pies. Eso, o se cagarán en todos ustedes, defensores de la decadencia del mundo, como lo hago yo.

Pero no se preocupen, siempre les quedará la aceptación de todos aquellos que, como ustedes, siguen el ritmo del progreso y los convierte en personas únicas y especiales. Piénsenlo: a pesar de llevar lo mismo que el tipo de la mesa de al lado, cada uno de ustedes es único y especial, porque va a la última moda y porque su mamá siempre afirmará que es el mejor del mundo. Y eso, queridos lectores, nadie se lo puede negar.

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Documento sin título 3 COMENTARIOS
Documento sin título Documento sin título Guillermo Loaysa 19/03/2014 12:15
No nos engañemos, un producto exclusivo es esto: http://www.rpp.com.pe/2014-02-28-ponen-a-la-venta-una-replica-del-coche-de-batman-noticia_673454.html
Documento sin título wq 09/06/2017 05:27

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